jueves, 13 de junio de 2013

La homosexualidad a los ojos de Jesús.

           Hace ya tiempo que me vengo haciendo una pregunt...., una pregunta que a su vez puede resultar cuestionable a sí misma. Y es que es una pregunta de si o no con múltiples matices. No es sencilla, por supuesto que no. Y no lo es por el simple hecho de no poder abarcar en ningún momento la total realidad, por no resolverse con una verdad útil para cada uno de nosotros.

Y Rusia, si si, Rusia, ha hecho que esa pregunta la traslade aquí:  ¿Dios, visto como el ser divino que creó y, a su vez, gobierna el mundo qué pensaría - o piensa- de la homosexualidad? 





Realmente ese afán de creer que el hecho de que la orientación sexual de un hombre (o mujer) sea definido, dentro del significado de la homosexualidad, como pecado a ojos de Jesús en la Biblia, ¿es tan cierto como la Iglesia hace creer a sus fieles?

Y es aquí donde voy a contemplar lo que es la respuesta que, en mi opinión, es la más cercana a la pregunta. Y no, no soy experta en Sagradas Escrituras pero ello no quita que, como ser racional, tenga una idea descrita, en mi misma, de lo que Dios piensa de ello.

En primer lugar, habría que tener muy en cuenta en el contexto cultural patriarcal y heterosexista en el cual fue escrita la Biblia. En ningún momento en la misma,  Jesús -su palabra- provoca y afirma que la homosexualidad, entendida como hoy en día es pecado como tal sino que se hace referencia a la condena de las prácticas paganas, lujuriosas, que tenía que ver con la adoración de la fertilidad.  

Y es que como bien se lee en las líneas escritas por el ex sacerdote católico Peter de la Rosa, al hecho de la Iglesia llamar antinatural a una relación homosexual: "¿Quién puede decirme a mí lo que es natural? Mi naturaleza no es igual a la vuestra. Yo no elegí ser lo que soy. Dios me hizo así." 

¿Quién puede clasificar las relaciones sexuales en naturales o antinaturales? Nadie puede tener la total verdad al hacerlo. Nadie.

¿Realmente creéis que, según la Biblia, Dios que cuyo  último y más importante Mandamiento es "Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo", que hace hincapié en el reparto del que más tiene al que menos, ese que acaricia al enfermo, que manda no juzgar ni condenar, que nos habla de respetar y perdonar, condenaría a un hombre que amara a otro hombre o a una mujer que amara a otra mujer?

Yo no lo creo. Si Dios, creyéndolo como parte real de la historia, volviese a la tierra, estoy segura que se pondría al lado de todos y cada uno de los miembros que forman la Iglesia, como Institución, y les haría predicar que el amor es válido, entendiéndose como el mayor de los sentimientos que puede experimentar el ser humano, da igual en las formas que se dé y, a su vez, da igual entre que corazones nazca.

Dios no amenaza con castigo al hombre ni a la mujer y, mucho menos, si el motivo es el enlace de sentimientos entre dos personas del mismo sexo.




Es por ello que lo que el Gobierno de Rusia ha provocado con la aprobación de una Ley, por casi unanimidad, (436 votos en una cámara cuyo número de diputados es de 450) y que cuyo corto resumen de su redacción sería, algo así como: "se sancionará a todos aquellos que den cualquier tipo de información sobre relaciones sexuales no tradicionales" que, siendo claros y concisos, es la prohibición de dirigir cualquier información a menores sobre la homosexualidad, me parece de un gran despropósito, una sinvergüencería, una manera déspota de maltratar a la ciudadanía de Rusia, y una manera dictadora de tratar los derechos de muchos de los ciudadanos.

El creer que a una persona, por su  orientación sexual, se le puede atribuir el calificativo de degenerado, me repugna y, a su vez, me hace pensar que Dios, aunque perdonaría tal burrada, guiaría a todos aquellos que han aprobado dicha ley y a otros muchos que la comparten, para que entendiesen que en ningún momento pueden estar por encima de la  libertad sexual de cada uno de los hombres y mujeres de la tierra.

En conclusión, Dios quisiera - o quiere- que seamos amados, así como, amemos, con lo más profundo de nuestro corazón, dando completamente igual: a quien.

Isascku*

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